martes, 13 de septiembre de 2011

Mi juego

La daga del silencio se clava en medio del compartir, la ponzoña que ella le cargó ahora forma parte de mi sangre. Su mirada devastadora como el fuego que siento al arder mi piel, se clava en mí esperando que arda.
No me quiere viva, no me quiere justo ahí, espera que me rinda, suelte mis cartas y camine por la puerta dejándole ganar  el juego que ella comenzó, cuando en realidad era mío.
Pareciera que su deber es quitarme lo que tengo, lo que soy y lo que quiero.
El disfraz de la ternura cubre sus ojos llenos de odio, intentando dejarme sin nada.
Pero no, esta batalla era mía antes de ser una pelea, mis objetivos estaban fijos antes de que ella fijara los suyos.
Su razón de vivir, la mía, su impulso, superarme.
Su mente no puede crear cosas propias, plagio a mis pensamientos, plagio a mi querer.
Tan solo puedo decir que seguiré jugando… mi juego.

Hereje

Ya no se la diferencia entre el blanco y el negro.
Ya no se quien me sonríe y quien me gruñe.
¿Tu objetivo es demostrarme quien es más fuerte?
Creo que si la corriente te llevara no intentarías zafarte, aun así, aparentarías ser el contrario.
Soy llamada hereje por haber aprendido la mirada cómplice en su contra, como un espejo frente a su rostro cargado de odio.
Soy llamada hereje por responder diferente a los recuerdos que pretendió plasmar en mí ser.
Y aun así tengo que callar, aun así cuando lo erróneo fue en mi contra, aun así cuando la furia debería formar parte de mí y no del intermediario.
Aun así se que no puedo desaparecer…
Si caes, voy a levantarte, lamentablemente a ciegas, lamentablemente sin notar que desgarras mi piel a cada agarre, sin notar que tomas mi aire y lo conviertes en tuyo para luego derrocharlo con asco y escupir mi rostro con palabras que deberían salir de mi boca, en tu contra.